🖋️ OPINIÓN: La deuda eterna con los hijos del surco; entre la desidia y la tragedia recurrente

Por: Redacción Tribuna Libre

Mientras el discurso oficial de la “Cuarta Transformación” en Sinaloa presume avances históricos y programas de bienestar, la realidad en las cuarterías de Guasave se encarga de derribar esa fachada. La hospitalización de siete menores hijos de jornaleros por cuadros respiratorios graves no es un evento fortuito ni una “mala racha” estacional; es el síntoma de una falla estructural y una negligencia que ya cobra demasiadas facturas.

Una Secretaría de Salud reactiva

La labor de la Secretaría de Salud de Sinaloa ha quedado reducida a la de un “puesto de auxilio”. Se limitan a recibir a los niños cuando ya están graves, cuando el daño es casi irreversible. ¿Dónde está la medicina preventiva? El hecho de que cada temporada invernal tengamos los mismos cuadros de neumonía y desnutrición demuestra que la vigilancia epidemiológica en los campos es, en el mejor de los casos, un simulacro burocrático.

SEBIDES: El “Bienestar” que no llega a la cuartería

Por otro lado, la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable (SEBIDES) parece más ocupada en la estadística que en la supervisión real. El concepto de “sustentabilidad” es una burla frente a familias que viven en hacinamiento, sin agua potable digna y sobre focos de infección. Si la SEBIDES no tiene la capacidad de clausurar y sancionar a quienes lucran con la vivienda infrahumana de los jornaleros, su existencia es meramente decorativa.

Tres años de omisiones y muertes

La memoria de las autoridades es corta, pero la de Tribuna Libre no. Lo que hoy ocurre es la continuación de un historial de infamia que se ha agravado de tres años a la fecha:

  • 2023: El año de la vergüenza en Juan José Ríos. Al menos 8 menores fallecieron por causas totalmente prevenibles como neumonía y desnutrición crónica. Niños de apenas meses de vida murieron por deshidratación ante la mirada atónita de una sociedad que vio cómo más de 50 infantes terminaron hospitalizados en una sola temporada.
  • 2024: Las promesas de cambio se esfumaron pronto. En enero, un bebé de apenas un mes de nacido murió por paro cardiorrespiratorio en una cuartería de la calle Chihuahuita. A pesar de las “inspecciones” anunciadas, los niños siguieron muriendo entre el frío y la falta de atención médica primaria.
  • 2025 – 2026: El ciclo de dolor no se detiene. Apenas iniciamos el año y ya sumamos 14 hospitalizados por neumonía en el estado, incluyendo los siete pequeños que hoy luchan por su vida en Guasave.

Conclusión No basta con decir que los niños están “delicados pero estables”. La verdadera estabilidad vendrá cuando las autoridades dejen de reaccionar a las crisis con parches y empiecen a garantizar, de manera obligatoria y bajo sanciones severas, que ningún campo agrícola en Sinaloa opere sin condiciones de salud y vivienda dignas.

Sinaloa es el “granero de México”, pero no puede seguir siendo el cementerio de la niñez migrante. La justicia social no se mide en cheques entregados, sino en vidas protegidas.

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